Cuando al asistir a ferias o encuentros empresariales nos encontramos con estudios, desarrolladores y otras empresas de base tecnológica siempre les hacemos la misma pregunta: ¿Cómo habéis llegado hasta hoy jurídicamente? La respuesta más habitual nunca dejará de sorprendernos. Empresas que llevan varios años funcionando con productos y creaciones en el mercado nos dicen que sus contratos de licencia, distribución o de condiciones de venta los han “encontrado por internet”.
Nos resulta difícil entender como un grupo de personas que ha puesto todo su conocimiento, tiempo, esfuerzo y dinero al servicio de un proyecto, a la hora de ponerlo en circulación y obtener el merecido retorno, resuelven su regulación y protección mediante un copy-paste.
Supongo que en aplicación del dicho español “de derecho y medicina todo el mundo sabe”, son muchos los que en el ámbito de su negocio se entregan a la “automedicación jurídica” como forma de prevención, en lugar de actuar de forma responsable y acudir al “médico jurídico” que es un abogado TIC. Obvian, los que así actúan, que el abuso de la automedicación en la vida suele acabar por provocarnos alguna enfermedad grave que obliga a nuestra hospitalización. En el mundo jurídico esa hospitalización suele significar un proceso judicial incómodo, duro y costoso que se hubiera podido evitar si se actuase de forma responsable desde el principio.

Anuncios